sábado, 8 de octubre de 2011

Motosierra maldita


Me desperté sobrecogido, por un rugido infernal, como si una motocicleta estuviera acelerando a todos gas debajo de mi balcón, hasta reventar sus mecánicas tripas. Busqué por la ventana la causa de ese aquelarre matutino, y finalmente, subiendo a tope la persiana, descubrí a un operario con una motosierra podando el jardín del vecino de la esquina.

Bajaba las escaleras, abrochándome apresuradamente la bata, y dispuesto a cantarle las cuarenta a aquellos madrugadores y desaforados arboricidas, cuando me topé con mi mujer, que en la cocina, tranquilamente tarareaba mientras preparaba café.

—¿Pero cómo, no oyes ese estrépito de los infiernos?  —le grité, molesto y sorprendido.

—¿Qué? —dijo, aguzando el oído—. Pues si, ahora que lo dices, sí, se oye un motorcillo a lo lejos... Cariño te estás volviendo muy sensible, yo no me había percatado siquiera.

—Oh, no, ¡Cielos!

—¿Qué pasa? —inquirió arrugando el entrecejo—, me estás asustando...

—Nena  —dije comprendiendo la terrible verdad—, me parece que no es la motosierra. Oigo el chillido de los árboles desangrándose y suplicando por su vida.

6 comentarios:

Javier Tellagorri dijo...

Muy bien, muy adecuado a este país de arboricidas que nunca han sabido hacer otra cosa que DESTRUIR.

El Fugitivo dijo...

TELLAGORRI: Gracias por su fidelidad a este rinconcito fugitivo. Buen día.

Candela dijo...

El ruido de la motosierra no deja escuchar el llanto de los vivos, tanto da si son árboles o humanos porque nadie repara en ellos.

Hace ya tiempo que todo es macro..

El Fugitivo dijo...

CANDELA:
Es fascinante como cada cual hace su lectura y ve cosas en el relato que yo no veía. ENcantado de saludarte y hasta pronto.

José Antonio del Pozo dijo...

Extraordinario, Fugit, este lamento intenso por los árboles desangrándose
saludos blogueros

El Fugitivo dijo...

JOSE ANTONIO: Un placer recibir tu visita. De vez en cuando hay que abrazarse a un árbol para sentir su vitalidad vegetal